Cuando pensamos en un desfibrilador, es habitual imaginarlo instalado en la pared de un aeropuerto, un centro comercial, una estación o unas instalaciones deportivas.
Sabemos que está ahí. Incluso puede que hayamos pasado junto a uno muchas veces.
Pero ante una parada cardíaca, la pregunta realmente importante no es únicamente “¿dónde hay un desfibrilador?”, sino “¿cuánto tardaremos en tenerlo junto a la persona que lo necesita?”
Porque durante una emergencia cardíaca, cada minuto cuenta.
Una parada cardíaca puede ocurrir en cualquier lugar
Una parada cardíaca no entiende de lugares ni horarios. Puede producirse mientras hacemos deporte, trabajamos, viajamos, conducimos o simplemente mientras estamos en casa.
Y precisamente ahí aparece uno de los principales retos de la cardioprotección: el desfibrilador debe llegar hasta la víctima.
Los desfibriladores instalados en espacios públicos desempeñan un papel fundamental. Sin embargo, para utilizarlos primero debemos saber que existen, localizar el más cercano, desplazarnos hasta él y regresar hasta donde se encuentra la persona.
En una situación en la que el tiempo es crítico, esa distancia importa.
Saber dónde está no significa tenerlo cerca
Imaginemos que una persona sufre una parada cardíaca en unas instalaciones deportivas.
Puede existir un DEA perfectamente señalizado en la entrada del recinto. Pero si la emergencia ocurre en otro punto de las instalaciones, alguien tendrá que localizarlo, recogerlo y llevarlo hasta la víctima.
Lo mismo puede suceder en un hotel, una empresa, una urbanización, una estación o cualquier espacio de grandes dimensiones.
Un desfibrilador situado a varios minutos de distancia sigue siendo un desfibrilador al que hay que llegar.
Por eso, además de aumentar el número de espacios cardioprotegidos, existe otro factor fundamental: reducir la distancia entre el DEA y las personas.
¿Y qué ocurre fuera de los espacios cardioprotegidos?
El desafío es todavía mayor cuando abandonamos lugares en los que normalmente esperamos encontrar un desfibrilador.
Un viaje en coche.
Una excursión.
Una vivienda.
Una zona rural.
Un día en la playa.
Un desplazamiento por trabajo.
En cualquiera de estas situaciones puede producirse una emergencia cardíaca y, sin embargo, no siempre sabemos dónde se encuentra el DEA más cercano ni cuánto tiempo necesitaríamos para acceder a él.
Por este motivo, la cardioprotección está evolucionando hacia un nuevo concepto: que el desfibrilador pueda acompañarnos.
Del desfibrilador fijo al desfibrilador personal
Durante años hemos asociado los desfibriladores principalmente a dispositivos instalados permanentemente en determinados espacios.
La reducción del tamaño y peso de estos equipos permite plantear una posibilidad diferente.
En lugar de depender exclusivamente de encontrar un desfibrilador cuando ocurre una emergencia, podemos llevarlo con nosotros.
Los desfibriladores personales y portátiles permiten trasladar la cardioprotección desde un lugar concreto hasta las propias personas, facilitando que el dispositivo pueda estar disponible durante desplazamientos, actividades deportivas, viajes o en el propio hogar.
No sustituyen la importancia de los desfibriladores instalados en espacios públicos. La complementan.
Vivest Pocket: un desfibrilador diseñado para acompañarte
Vivest Pocket nace precisamente de esta nueva forma de entender la cardioprotección.
Su diseño compacto y portátil permite disponer de un DEA sin depender exclusivamente de instalaciones fijas, haciendo posible transportarlo allí donde pueda ser necesario.
En casa, en el coche, durante un viaje, practicando deporte o realizando actividades lejos de grandes núcleos urbanos.
El objetivo es sencillo: reducir la distancia entre el desfibrilador y la emergencia.
Porque cuando ocurre una parada cardíaca, disponer de tecnología capaz de ayudar no es suficiente si esa tecnología está demasiado lejos.
La cardioprotección también es una cuestión de distancia
Instalar más desfibriladores, formar a la población en RCP y mejorar la identificación de estos dispositivos continúa siendo fundamental para construir espacios cada vez más cardioprotegidos.
Pero también podemos empezar a plantearnos una pregunta diferente.
En lugar de preguntarnos únicamente:
“¿Dónde está el desfibrilador más cercano?”
Quizá deberíamos aspirar a poder responder:
“Está aquí.”
Porque el mejor desfibrilador no es únicamente el que sabemos dónde encontrar.
Es el que puede estar junto a nosotros cuando cada minuto cuenta.